sábado, 10 de mayo de 2014

Microrrelato


Inspirado en una antigua compañera de estudios y en una de las novelas de una amiga que, por cierto, todavía no he leído, propongo el siguiente microrrelato.

Poco a poco la angustia se fue haciendo mayor hasta un punto en que ya era incapaz de comprender, solo sentía, sentía pánico, terror. Sin apenas conscicencia logró arrastrarse hasta la mesa y aferrándose a ella pudo incorporarse a duras penas; tambaleándose un sin fin de veces, intentaba conseguir su fin más inmediato, el único objetivo que ocupaba su mente nublada y que en cierto modo hacía que su angustia fuese menos trágica, más llevadera; ya tenía un fin, una meta, algo tangible que conseguir, y por ello trataba desesperadamente de llegar a la cocina. Su gran debilidad hacía que el camino fuese más tortuoso, pero el fin ya estaba cerca; tropezó y cayó vencido por la fatiga pero tras un último esfuerzo logró alcanzar la puerta, asió el picaporte y se abalanzó hacia el segundo cajón del armario. Allí estaba su salvación, algo sin importancia se había convertido en un verdadero tesoro, cogió con fuerza el cuchillo y haciendo un último esfuerzo lo hundió en su corazón. No sintió dolor, solo paz y la luz se hizo. Pero enseguida se dio cuenta que llevaba puesto el chaleco antibalas que por supuesto, también era anticuchillos, y de nuevo se sumió en la más terrible de las desesperaciones. FIN

Ramón

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